
Hoy voy a sacar a la palestra una de las cuestiones que más críticas me ha tocado soportar, que es mi sentimiento de compasión y de crítica feroz al asesinato de Nicolás II, zar de Rusia y de toda su familia en 1917.
Se da la circunstancia curiosa que tanto en mi último curso de EGB como en el preuniversitario COU estudié en ambos las Revoluciones francesa y rusa. Son muchas las características y factores que las diferencian, pero me voy a centrar en el parecido obvio que ambas tienen: terminaron con la muerte del monarca absolutista, ajusticiado.
En la francesa, queda bien claro y forma parte de la lección, que en 1793 fue decapitado y condenado a muerte, hecho que provocó un monumental y lógico revuelo en la Europa de entonces. Así se nos enseñó claramente.
Sin embargo, en el caso del zar Nicolás II no se dice palabra alguna de su trágico final. Ni siquiera ninguno de los docentes recuerdo que hiciera mención alguna al suceso, como si no revisitiera de importancia. En los libros, el zar y su familia desaparecían en la primera revolución, la de febrero de 1917, que supuso la instauración del gobierno liberal de Alexander Kerenski, el que a mi juicio debió haberse quedado gobernando: una democracia es lo que le convenía a Rusia, no ese disparate revolucionario del que todavía muchos están pagando las facturas...
De la hemofilia del "zarevitch", de la princesa Anastasia, etc., no se llega a decir prácticamente nada. La explicación de la Revolución Rusa gira hacia los hechos revolucionarios y, finalmente, hacia el estalinismo, y ahí quedó la cosa. Aún gracias que supe que el bueno de Kerenski salvó la vida escapando en un coche in extremis en los hechos de octubre...
Digo yo... ¿por qué no se considera (o consideraba) relevante para el estudiante de secundaria el hecho objetivo de que el zar y su familia fueron ajusticiados?... ¿Se trataba de encumbrar a Lenin y a los suyos a los altares, y para ello nada mejor que ocultar sus crímenes?... ¿Se quiere hacer acaso propaganda por omisión de las supuestas bondades del comunismo en los libros de texto?...
Un compañero de promoción me afeaba que "para una vez que a un dictador sanguinario (por el zar Nicolás II) se le paga con la misma moneda, tú vas y te indignas"... Puede ser, pero lo cierto es que de entrada no ha sido el único en la historia, ni siquiera en el último siglo (Mussolini, Ceausescu o Saddam Hussein son un ejemplo de ello).
Y, para continuar, un estado civilizado y democrático no puede aplicar el "ojo por ojo y diente por diente".
No se me escapa, desde luego, la nefasta política de Nicolás II, desde la guerra ruso-japonesa a la I Guerra Mundial, pasando por el domingo rojo o la matanza en el puerto de Odessa, tan brillantemente reflejada por el "camarada" Einsestein. Un monarca, además, que no aceptó los cambios que eran del todo perentorios, que pretendió vivir como un autócrata (quizás escarmentado por el atentado que acabó con la vida de su reformista abuelo Alejandro II, considerado todavía hoy por los rusos como uno de sus mejores estadistas).
Para colmo de males, dominado por completo por su esposa Alejandra Fedorovna y por el brujo de Rasputín.
No soy ajeno, evidentemente, a todo ello. Nicolás II y su esposa merecieron cadena perpetua, y sus hijos, ajenos a las decisiones de gobierno, puestos bajo tutela gubernamental y desposeídos, evidentemente, de sus atribuciones.. Esto hubiera sido lo razonable.
Pero el bajar a un sótano a una familia entera, incluyendo una mujer y varios niños y fusilarlos a sangre fría ni entra en lo moralmente aceptable ni puede considerarse acto de heroísmo alguno. Es un cruel y cobarde asesinato, y como tal siempre lo he rechazado y criticado furibundamente.
Del mismo modo, por cierto, que el ajusticiamiento público, -como si de espectáculo se tratase-, de Saddam Hussein. En aquel momento me pareció viajar en la máquina de Herbert George Wells a épocas feudales. Y del mismo modo que el desdichado Luis XVI, que no fue peor monarca que su antecesor, sino simplemente nació en la era equivocada.