
Como la mayoría de mis lectores sabrán, el pasado mes de julio el parlamento catalán aprobó una resolución para prohibir las corridas de toros en mi comunidad, lo cual todavía está por ver que se acabe cumpliendo.
Votaron a favor de la misma la totalidad de los diputados de ERC y de ICV, la mayoría de CIU y una parte significativa del PSC. En contra, cuatro diputados de CIU, una parte importante del PSC, y el PP y Ciudadanos en su totalidad. No fue una mayoría abrumadora, pero sí suficiente.
Ya dije en su momento que era una medida del todo politizada y que evitar el sufrimiento del animal era la excusa para eliminar un "elemento de españolidad" más, tal y como después ha quedado del todo patente con la no-prohibición de los "Correbous".
Ahora bien, sin entrar en materia sobre una fiesta que a mí personalmente me disgusta pero que respeto a quien quiera ir, como también al que esgrime argumentos sólidos para que se suprima en el mundo entero, lo que no puedo tolerar bajo ningún concepto son iniciativas del todo sectáreas, maleducadas e injustas.
En facebook se creó un grupo llamado "Tú prohíbes los toros, yo no compro productos catalanes", del cual se hicieron eco algunos diarios digitales y que en la actualidad consta de 25 mil seguidores, pasándose la lista de los productos a no comprar, algunos de ellos presumiendo del tiempo que llevan haciendo esta "libre elección", y otros soltando el típico comentario anticatalán que ni discrimina entre unos y otros ni tiene intención de hacerlo.
La primera pregunta que me surge es la siguiente: ¿tan relevante es que la Monumental deje de funcionar en la vida de un ciudadano de Valladolid, de Cuenca o de Alcolea de Cinca para no comprar nada catalán?...
Si en el famoso boicot de 2005 en adelante a raíz del "estatut" se argumentaba (y algunos todavía lo hacen) con que según ellos el IVA de un producto de una marca con sede social en Cataluña iba íntegro a mi comunidad y que había que compensar esa supuesta "injusticia", ¿qué argumentos económicos hay ahora?...
La respuesta es ninguna; sólo hay que fijarse en qué clase de boicot se le han hecho a los productos andaluces después de su famoso estatuto con artículos proteccionistas calcados del catalán o el que le hicieron a Canarias en 1991 cuando su Parlamento libremente decidió prohibir también los festejos taurinos. Evidentemente, ambas iniciativas pudieron ser alabadas o criticadas pero no se llegó a fomentar ninguna clase de odio hacia esas comunidades, ni mucho menos generalizando a todos los andaluces ni a todos los canarios. Y no recuerdo que el Partido Popular llevara dicha prohibición al Constitucional, dicho sea de paso.
La explicación que puedo dar a esto es muy clara: existe un odio latente por parte de un segmento de la población a todo lo que huela a catalán y necesita esta clase de "pretextos" para dar rienda suelta a toda su fuerza y poder así autojustificarse; pretenden, así, hacer pasar por iniciativa "cívica" o "crítica con el nacionalismo catalán" lo que en realidad es una especie de "apartheid" económico que sólo puede funcionar en personas que no tengan otra cosa mejor en qué pensar en sus vidas que en su rechazo a todo lo que significa Cataluña.
Ahora la enésima excusa son las palabras de Puigcercós, que representa a un partido que tiene 21 escaños sobre 135 y al que las encuestas para el domingo otorgan apenas la mitad. Palabras, que quede claro, contestadas por el resto de partidos al unísono (algo que debería hacer reflexionar a más de uno).
El líder de uno de ellos, Ciudadanos, se expresó así ante las iniciativas de boicot por el tema taurino, en unas palabras que no tienen desperdicio: "cuando el nacionalismo busca confrontación y odio, y hay tontos que pican y proponen boicots, el independentismo gana".
Las reacciones viscerales e irracionales no llevan a ningún sitio, y si Cataluña es España, sus productos son tan españoles como los demás (o al menos así debiera ser). Y si por una cosa tan irrelevante como los toros (hay antitaurinos repartidos por toda la geografía hispana) se promueven esas "iniciativas", está claro el nivel de falta de respeto y de odio hacia ciertas comunidades por parte de demasiada gente, por desgracia. Y, por favor, que nadie me responda amparándose en nuestra clase política, pues por el hecho de que a mí me caiga especialmente mal la presidenta de la Comunidad de Madrid no voy a menospreciar a ninguno de los buenos amigos que tengo allí, ni por supuesto voy a dejar de comprar sus productos, como el delicioso turrón de Suchard que llevo para mi cumpleaños de aquí a dos días.
Seriedad, respeto y convivencia, por favor.